Una mirada humana a una capacidad que todos poseemos
En el Círculo de Resiliencia Integral entendemos la resiliencia como una capacidad instintiva que todos y todas poseemos. Está en nosotros desde siempre, como una semilla. Pero, al igual que un músculo, necesita ser ejercitada, nutrida y cuidada para crecer y fortalecerse. Ese es justamente el punto de partida de nuestro curso.
Una de las cosas más interesantes que descubrimos cuando trabajamos con la resiliencia es que no tiene una única forma. Es un concepto complejo, con múltiples matices y dimensiones. Para cada persona, la resiliencia puede tomar una forma diferente: para alguien es conectar con otras personas, para otra persona es salir a correr por la montaña, reconectarse con la naturaleza, o quizás sumergirse en la escritura, el arte o la meditación. Cada quien tiene una configuración de resiliencia distinta. No hay una única receta.
De la física a la psicología
El término “resiliencia” comenzó a utilizarse en el mundo de la física y la química para describir la propiedad de ciertos materiales que pueden deformarse, estirarse y luego volver a su forma original. Más adelante, la psicología adoptó este término para hablar de la capacidad de los seres humanos para sobreponerse a las adversidades.
“La resiliencia es el proceso de adaptarse bien tras sufrir una adversidad, un trauma o una tragedia, o grandes dosis de estrés como, por ejemplo, problemas familiares o relacionales, problemas de salud, o estrés laboral o económico.”
— Asociación Psicológica Americana (APA)
¿Volver a ser los mismos? O transformarse…
Esta definición es válida, pero en nuestra experiencia, la resiliencia en los seres humanos va más allá de adaptarse. Cuando atravesamos una crisis profunda —una enfermedad, una pérdida, un duelo, un trauma—, no volvemos exactamente a ser quienes éramos antes. Algo en nosotros cambia. A veces perdemos, a veces ganamos, pero siempre nos transformamos.
Una imagen que representa esta transformación es el arte japonés del kintsugi. Cuando un objeto de cerámica se rompe, los japoneses no lo descartan: lo restauran uniendo las piezas con resina mezclada con polvo de oro. El objeto no vuelve a ser el mismo, y eso está bien. A veces, incluso es más bello que antes. Cada cicatriz dorada cuenta una historia y convierte al objeto en algo único.
No se trata de romantizar el sufrimiento: hay heridas que duelen y cicatrices que no brillan. Pero también es cierto que, incluso en medio de las dificultades, pueden emerger cosas preciosas. Todo depende, en parte, de a qué prestamos atención.
Entre pérdidas y nuevas comprensiones
La psicóloga Ronnie Janoff-Bulman, en su libro Shattered Assumptions (Suposiciones Destrozadas), observó que tras un trauma, no todo son superaciones heroicas. Hay pérdidas reales: por ejemplo, la sensación de vivir en un mundo predecible, justo y seguro puede tambalearse. Te das cuenta de que todo puede cambiar de la noche a la mañana.
Pero al mismo tiempo, puedes ganar confianza en tu propia fortaleza interna. Es decir, pueden convivir opuestos: más inseguridad respecto al mundo externo, pero más confianza en ti mismo/a. Puede quedar cierta tristeza o ansiedad residual, y a la vez abrirse una nueva percepción más profunda, más rica, más significativa de la vida. A veces, después de caer, dejamos de vivir en la superficie y empezamos a buscar el sentido de las cosas con más claridad.
Cultivar la resiliencia en comunidad
La resiliencia, tal como la entendemos, no es una meta que se alcanza una vez y para siempre, sino un proceso continuo que se fortalece a través de la conciencia, la práctica y, muy especialmente, el acompañamiento.
Por eso hemos creado el Círculo de Resiliencia Integral: un espacio donde aprender, practicar y compartir herramientas que nos ayuden a vivir con más solidez interna, flexibilidad y profundidad.
¿Quieres fortalecer tu resiliencia y descubrir nuevas formas de crecer en los desafíos?
Estás en el lugar adecuado.
Te esperamos.

